Se mecen los álamos en su
danza
espigados y altivos
con su
gracia natural
juguetean ¿qué se dicen?
No creas que hay silencio
se murmuran en el continuo
vaivén que los agita.
Si parece que jadean
en el bis de los abrazos
desprevenidos
y se eligen
y se miran
con esa mirada de álamos
enamorados
se esperan
se vigilan
en lo que dura el largo tedio
de las tardes detenidas
durante el sopor estival.
Saben que el fresco del ocaso
les trae ya la brisa…
Y se inician en el baile
cadencioso
de seducirse cada vez.
Autora: Sandra Fontecilla Aravena
Lugar: Santiago, comuna de Talagante

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