por el dolor que te causa
el hombre impiadoso
que habita tu suelo,
tu oxígeno impuro,
tus ríos violentos,
tus montañas heridas
a cielo abierto.
Raíces que mueren
sin dar su cimiente,
hacen estéril
a tu generoso vientre.
Tu lamento se escucha
en los confines,
furioso y doliente
alertando a los pueblos
el feroz maltrato
de su gente indolente.
Lloran tus ojos
lágrimas potentes,
imploras reseca,
anuncias tu muerte.

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