Hernán Narbona Véliz
Hubo una vez un
pueblo pionero en medio del desierto
El mar bañaba sus
patios con guirnaldas de luches
Los niños reían
con el graznar loco de las gaviotas
La arena blanca
moldeaba castillos y el mar proveía
La juventud
bailaba, dando gracias a la Candelaria
Pero un día llegó
la noticia, había oro en la montaña
Los changos
colgaron sus botes engrasados
Emigraron tras
vetas y espejismos
Socavaron cerros,
se secaron los pimientos
Las mujeres solas
se preñaron de pena, sin jardines
Y comenzó el
relave a empujar el mar fuera del pueblo
Cubrió muelles,
se secaron los patios azules
De los arenales
sacaron cobre, pero tragaron veneno
En una elegía
verdosa desaparecieron gaviotas y peces
Lentamente el
pueblo fue muriendo
Todos fueron
cómplices de la arena arrolladora
Un mensaje quedó
en el mástil de un buque encallado
Indicaba al
cementerio
Chañaral se
hundía en la mentira histriónica de la codicia.
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