El
velo enrojecido de tus ojos
Cantó
al final de la fosa
de
la sangre que nos une
Aquella
que nos timbra
como
marca en la frente
Que
me impide tocarte
y
remecer el tiempo en alguna esquina oscura
De
la geografía de un pueblo muerto
Que
se despide entre campanas
Y
rituales de sotana.
En
el llanto de despedida
Te
busqué en el sueño
Contando
los pasos solemnes
Que
aúllan el silencio
de
la unión de las carnes
que
me atrae con la fuerza de lo prohibido
Con
el mismo olor y color que posee nuestra sangre.
Del
pecado que a menudo me pasa la cuenta
Por
nombrarte, en el silencio de mis manos.
Carlos Peña y
Lillo Herrera
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